En las últimas semanas, diez periódicos anunciaron que dejarían de publicar sus ediciones impresas: El Nuevo Día y Primera Hora, de GFR Media, en Puerto Rico; Expreso, en Ecuador; San Juan Record, en Utah; y seis publicaciones de la red Postmedia en Ontario, Canadá.
Estas decisiones plantean preguntas que otros medios también necesitan hacerse: ¿qué sostiene hoy el negocio? ¿Qué tan preparados están para funcionar sin el impreso? ¿Cómo organizar una transición que permita conservar lectores e ingresos?
Según el informe 2025 de la escuela de periodismo Medill, de Northwestern University, más del 80% de los diarios estadounidenses ya imprime menos de siete días por semana.
En esta entrega de Hablemos Editorial, examinamos qué necesitan resolver los medios antes de dejar el papel y cómo preparar la transición: desde las fuentes de ingresos hasta la relación con sus lectores, la organización de la redacción y el manejo de la opinion pública.
Imagen: Dall-E
El fin del impreso modifica tanto los gastos como las fuentes de ingresos. Desaparecen costos de papel, impresión y distribución, pero también pueden perderse suscripciones, anuncios y suplementos asociados con ese producto. A la vez, la operación digital requiere inversión en tecnología, atención al cliente y desarrollo comercial.
Por eso, la evaluación debe considerar cuánto aporta cada edición después de cubrir sus costos y qué ingresos podrían conservarse al cambiar de formato. Esa información ayuda a decidir si conviene abandonar el papel, reducir la frecuencia o mantener determinadas publicaciones.
Los anunciantes forman parte de ese análisis. Un cliente acostumbrado a comprar espacios impresos necesita comprender qué puede contratar ahora, a qué público llegará y cómo conocerá los resultados. La continuidad de esa relación exige una oferta comercial que responda a sus necesidades.
En Ontario, Postmedia anunció una alternativa que merece seguimiento: sustituir varias ediciones locales por un semanario regional, mientras mantiene la cobertura digital de sus cabeceras. La propuesta muestra que todavía existen opciones intermedias para conservar el papel con otra estructura de costos y contenidos.
Un periódico puede tener una audiencia digital amplia y, al mismo tiempo, contar con suscriptores del impreso que apenas utilizan su sitio. El acceso incluido en una suscripción no garantiza que la cuenta esté activada ni que el lector sepa encontrar lo que busca.
Además de facilitar el ingreso, el medio necesita entender qué valoran esas personas: la selección de noticias, las columnas, la información local, las esquelas, edictos, o los pasatiempos. Esos hábitos ayudan a identificar qué debe conservarse y cómo presentarlo en digital.
Estrategias para mantener la audiencia y los ingresos en la transición digitalEl Nuevo Día, por ejemplo, anunció una jornada presencial para orientar a suscriptores y ayudarlos a activar sus cuentas. Este tipo de acompañamiento atiende una dificultad concreta, aunque su resultado debe observarse después: cuántos lectores regresan, utilizan el producto y mantienen su suscripción. Hay quienes consideran que estos efuerzos pudieron haber comenzado años antes del cese de la publicación del impreso, para que la audiencia se fuera adecuando paulatinamente.
Aunque un medio lleve años publicando en internet, parte de su operación puede seguir organizada alrededor del cierre impreso. Al desaparecer esa edición, conviene revisar horarios, asignaciones, responsabilidades, criterios de publicación, qué tareas se simplificarán o dejarán de hacerse.
La coordinación con tecnología, ventas y atención al cliente adquiere especial importancia. Un problema de acceso, una promesa comercial o un cambio en la presentación del contenido pueden afectar la experiencia del lector y necesitan resolverse ágilmente entre áreas.
Para quienes dirigen la redacción, la pregunta es cómo distribuir los recursos disponibles para mantener la calidad y la continuidad de la cobertura. La carga de trabajo y la formación del personal deberían formar parte de ese cálculo.
El anuncio de la desaparición del impreso afecta a personas con inquietudes distintas. Los empleados necesitan conocer las consecuencias para su trabajo; los suscriptores, qué ocurrirá con su pago y su acceso; los anunciantes, cómo se cumplirán sus acuerdos. Los distribuidores y otros colaboradores también requieren información sobre los próximos pasos.
La comunicación debe precisar qué termina, qué continúa, cuándo ocurrirá y dónde se resolverán las dudas. Dentro de la empresa, quienes atenderán esas consultas necesitan información suficiente para ofrecer respuestas consistentes.
También importa reconocer la pérdida que representa el fin del impreso para parte de la comunidad. Una trayectoria de décadas genera vínculos que merecen consideración. Explicar las razones de la decisión con respeto y claridad puede ayudar a conservar la confianza.
Pero, esa confianza dependerá de lo que ocurra después: que los accesos funcionen, los cobros sean comprensibles y la atención al cliente responda a lo prometido.
En la próxima entrega exploraremos cómo llevar esa transición del impreso al digital de una forma más gradual: evaluar reformular el producto y preparar a las personas que harán posible la continuidad del medio.